Nuestra amada tikicia: mundialmente reconocida por el Pura Vida! (que hasta aburre ver a cuanto extranjero quiera identificarse con nosotros, decirlo como si le saliera muy natural). País de amabilidad y simpatía; los ticos somos ilustres por nuestra cordial y sociable forma de ser... Podría decirse que nuestra "campechana" personalidad le agrada a la mayoría de países. Sin embargo, la actitud tiende a cambiar con el tiempo... digamos más bien que el índice de simpatía en los ticos es inversamente proporcional al índice de delincuencia y criminalidad dentro de nuestras fronteras.
A ver si me doy a entender. Según escucha uno historias de nuestros abuelos y aún tal vez de tíos y padres a su muy temprana edad, en la Costa Rica de antaño (30's - 60's) prácticamente todo mundo se conocía, todo mundo se saludaba. Bastaba con subirse al autobús para saludar al chofer, al cura, a la vecina, al doctor, al abogado, a la empleada, todos eran como una gran familia feliz. En los parques se reunían a charlar, a la salida de misa, a la hora de almuerzo. Los costarricenses tenían confianza, podía sentarse algún desconocido al lado de otro y conversar de sus existencias como si fueran amigos de toda la vida. Todos eran súper Pura Vida.
Ahora, el 90% de los que sufrimos aun el suplicio de viajar en bus, vamos escuchando música (sí, me incluyo) ignorando nuestro alrededor, ignorando los que van de pie, los que van sentados, subiendo y bajando del medio de transporte por inercia. Todavía hay unos pocos que al menos tienen la decencia de notar cuando sube algún adulto mayor o una mujer embarazada y le ceden el campo. Ya nadie conversa por temor, si se sienta algún extraño a nuestro lado, lo ignoramos viendo hacia la ventana o subiéndole el volumen al ipod; y que ni se le ocurra preguntar la hora, podría ser que solamente quiera ver qué tan caro es nuestro reloj o celular (ya los relojes están obsoletos).
Si nos toca esperar a alguien en un parque o edificio, tomamos una actitud paranoica, viendo hacia todo lado, sosteniendo el bolso con los dientes si fuera posible, sospechando de cuanto compatriota (nuestros hermanos nicaragüenses ya se incluyen en esta clasificación) pasa por nuestro lado. Nos pueden asaltar, nos pueden tocar o peor aún, nos pueden llegar a ofrecer un cepillo de dientes de un proyecto universitario de Odontología de la Fidelitas o la Ulacit.
Ya no somos amables, simpáticos, ya ni siquiera viajan en bus los curas ni las monjas, ya no hablamos del clima ni de política en los bancos de las plazas. La única manera de conversar con alguien en la calle es si andamos por un pueblo lejano. Han notado que si vamos allá por Upala, Asientillo o Cayolar de Guanacaste ahí si nos sentamos a conversar con la gente? Será porque esos pueblitos nos dan una sensación de seguridad y confianza con la gente humilde y sencilla?
Ya el Pura Vida se usa tan monótonamente dentro de cualquier frase que ya perdió su significado original. Los ticos no somos tan Pura Vida como otros países piensan, tristemente hemos ido perdiendo nuestra esencia natural...
A ver si me doy a entender. Según escucha uno historias de nuestros abuelos y aún tal vez de tíos y padres a su muy temprana edad, en la Costa Rica de antaño (30's - 60's) prácticamente todo mundo se conocía, todo mundo se saludaba. Bastaba con subirse al autobús para saludar al chofer, al cura, a la vecina, al doctor, al abogado, a la empleada, todos eran como una gran familia feliz. En los parques se reunían a charlar, a la salida de misa, a la hora de almuerzo. Los costarricenses tenían confianza, podía sentarse algún desconocido al lado de otro y conversar de sus existencias como si fueran amigos de toda la vida. Todos eran súper Pura Vida.
Ahora, el 90% de los que sufrimos aun el suplicio de viajar en bus, vamos escuchando música (sí, me incluyo) ignorando nuestro alrededor, ignorando los que van de pie, los que van sentados, subiendo y bajando del medio de transporte por inercia. Todavía hay unos pocos que al menos tienen la decencia de notar cuando sube algún adulto mayor o una mujer embarazada y le ceden el campo. Ya nadie conversa por temor, si se sienta algún extraño a nuestro lado, lo ignoramos viendo hacia la ventana o subiéndole el volumen al ipod; y que ni se le ocurra preguntar la hora, podría ser que solamente quiera ver qué tan caro es nuestro reloj o celular (ya los relojes están obsoletos).
Si nos toca esperar a alguien en un parque o edificio, tomamos una actitud paranoica, viendo hacia todo lado, sosteniendo el bolso con los dientes si fuera posible, sospechando de cuanto compatriota (nuestros hermanos nicaragüenses ya se incluyen en esta clasificación) pasa por nuestro lado. Nos pueden asaltar, nos pueden tocar o peor aún, nos pueden llegar a ofrecer un cepillo de dientes de un proyecto universitario de Odontología de la Fidelitas o la Ulacit.
Ya no somos amables, simpáticos, ya ni siquiera viajan en bus los curas ni las monjas, ya no hablamos del clima ni de política en los bancos de las plazas. La única manera de conversar con alguien en la calle es si andamos por un pueblo lejano. Han notado que si vamos allá por Upala, Asientillo o Cayolar de Guanacaste ahí si nos sentamos a conversar con la gente? Será porque esos pueblitos nos dan una sensación de seguridad y confianza con la gente humilde y sencilla?
Ya el Pura Vida se usa tan monótonamente dentro de cualquier frase que ya perdió su significado original. Los ticos no somos tan Pura Vida como otros países piensan, tristemente hemos ido perdiendo nuestra esencia natural...
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